2da semana
Yo creo, concientemente, que somos una única historia, que podemos influir en nuestro entorno para bien o para mal. Que así entonces nuestro entorno, sujeto a desconocidos grupos es más que todo un armazón de nuestros conocidos. Recuerdo como inicia la ultima película de Scorcese donde Jack Nicholson dice: No quiero ser un producto de mi entorno, quiero que mi entorno sea un producto de mis acciones. Al ver el entorno de Sydney me doy cuenta que los grupos desconocidos deberían ser o tener mayor calidad de seres humanos que los de mi ciudad. Esta es una conclusión completamente logica y matemática, pero sabemos que las personas somos sicosomas y metafisica pura, que no se puede evaluar por el color, la condición social o el esquema cultural.
Recuerdo cuando Eric me contó acerca de un dibujo que hizo cuando era apenas un crio donde le pedían que dibuje a una persona bajo la lluvia. Él dibujó a una persona sin paraguas, con los brazos extendidos y con la mirada hacia el cielo esperando cada gota en su cuerpo. Creo que me siento un poco así, como un persona con los brazos abiertos esperando que todo el mundo me caiga encima. Creo que los psicólogos deberían aprender que las imagenes que aprendieron de Freud u otro master de su campo no son necesariamente imagenes con conceptos definidos, pues los seres humanos mutamos constantemente, aprendemos con nuestras experiencias y estas nos cambian constantemente. Somos una esponja que absorvemos el mundo como ellas el agua
Tercera semana
Conocí un grupo de noruegos y alemanes. Después de hablar muchas horas con ellos de muchas cosas, entre religiones estrellas y horizontes frente al mar, me doy cuenta de lo parecido de nuestras conclusiones. Pero ellos sienten que el mundo es un lugar seguro donde han venido a ser felices y no a competir o sobrevivir, cosa que me cuesta desligar de la vida... no la felicidad sino la competencia y la supervivencia.
Quinta semana
Los encuentros tienen el mismo numeral que los desencuentros. Uno llega a conocer a alguien pero como un trino de dedos esa semana parte hacia otro lugar. Manly es una isla en movimiento constante, nunca estática, puedes econtrar en un bar personas de todas partes del mundo. Al mismo tiempo es una burbuja, pues Sydney es mucho más grande que su pequeña "isla" mandileña.
Los tiburones han calmado mi estrés. Qué animal para más fascinante. Realmente un Acuario es bastante aburrido, pero un tiburon es un tema aparte, al menos para mí. El animal que me pareció más cercano al demonio fue el stonefish, pez piedra, el más venenoso del planeta. Verlo ya es un veneno, parece un animal engangrenado, en proceso de putrefacción, me llevó a los desamparados del pueblo de San Pablo, quienes sufren de lepra y soledad. El pez yacía en estado de meditación o quizá en estado de abandono, sentado sin mayores pretensiones que causar miedo por su horrible y pavorosa forma... como un personaje de una novela de Kafka, como Grenoulli el perfumista, como un demonio atrapada queriendo salir de las tinieblas, como yo mismo en esta terrible soledad.
Septima semana
Esta semana extraño estar en la casa de Jorge, frente a la piscina escuchando una melodía de Rubén Gonzales y hablando de lo que el tiempo extravía, de lo que podría cambiarse y de lo que no. Extraño sobretodo cuando hablábamos de cómo podríamos cambiar una melodía o la historia de una película o quizá la historia de alguien que pasó por nuestro camino al mismo tiempo y que el tiempo ha hecho que veamos la vida como un juego serio y menos como un juego sin reglas y divertido, como lo sábados en su casa de Caminos del Inca, donde solo éramos unos rockeros malnacidos, eruptando alcohol, bulla y rock. Extraño también estar desayunando con Daniela un domingo cualquiera, esos domingos donde el sábado fue cualquier cosa que no importa, porque ya sabemos que vale la pena siempre el mañana y donde el tiempo solo transcurre y nos olvidamos que tan mala o buena fue una semana. Por supuesto, ese domingo Elvis estará tratando de buscar comida en mi mano. El resto del día se extraña también. Extraño mi balita, junto mi mejor copiloto Eric pensando en que no habría destino errado si los dos quisiéramos andar por el mismo camino. Extraño sentarme junto con toda su familia y desayunar o almorzar disfrutando lo sencillo que puede ser un buen rato. También extraño mis domingos con mi hermano, mi Facu y mi viejo, hablando de nada en su mayoría, dejando que el tiempo pase como cuando vemos el río pasar sin razón alguna, esperando que el agua caliente para un café, para seguir viendo pasar al tiempo. Extraño a la Bolicoloc, en particular a Toto, con quien muchas veces nos reíamos ante el terrible y hermoso aprendizaje de crecer, de creernos más adultos cada día. El reto de cocinar, el reto de tomar más, el reto de conocernos y aceptarnos más. Extraño los modos que pasaba en mi ciudad, la extraña magnitud de lo que viene atrapándome, de lo que viene creciendo dentro de mí como un árbol viejo que celebra una a una sus ramas, sus flores, sus nidos y toda la vida que ha pasado por este tronco. Tronco que no se marchita sino que todo lo contrario, expone su cuerpo ante el sol de forma nueva.
Extraño los bares de mi tierra, esos que huelen diferente. Donde no hay espacio para los perfumes, las restricciones y los respetos. Exraño mi bar El Miunich, el piano destartalado que cada vez suena a más cueva a más abismo y a la mesera que menea el trasero sonriente, a su escuálido baterista de lentes oscuros aunque haya sol o luna, siempre detras de esos lentes. También quiero a mi plaza del centro, iluminada de amarillos, quiero a sus perros nocturnos que son el reflejo del llanto, de los poetas, de los amigos que siempre estan detras de un teléfono esperándote con una botella de ron y con sobras en el refrigerador para el matahambre, un tamal, una salchicha huachana.
Octava semana
Estas páginas más que ser un diario de mis vivencias es un escrito sobre mis pensamientos, sobre lo que se me viene a la cabeza. Por ejemplo ahora mismo recuerdo ese viaje que hice durante el 2004 a Cuzco. Llegue a Sicuani por la madrugada a encontrarme con Mario e hicimos la ruta Túpac Amaru a caballo. Dormí en una cueva improvisada, cubriendome de la lluvia entre barro y plástico. Recuerdo eso por la lluvia de ahora, por los sentimientos que a veces se encuentran y sobre todo recuerdo esa noche, cuando estabamos alrededor de la fogata un grupo de jóvenes de los cuales ya perdí el rastro. Esa noche, toqué melodías como loco, acompañado por un charango, una quena, voces por diferentes lados y una noche imponente frente a un lago. La geografía siempre es testigo de los milagros de los seres humanos, en ella guardamos vivencias y recuerdos, es como un cosecha eterna, como un cofre cerrado a la espera de ser abierto, y siempre que pensemos en esa foto, en esa exacta silueta de la Luna o en ese rayo de estrella estaremos de nuevo en ella.
