Friday, June 6, 2008

Extractos de un diario

2da semana
Yo creo, concientemente, que somos una única historia, que podemos influir en nuestro entorno para bien o para mal. Que así entonces nuestro entorno, sujeto a desconocidos grupos es más que todo un armazón de nuestros conocidos. Recuerdo como inicia la ultima película de Scorcese donde Jack Nicholson dice: No quiero ser un producto de mi entorno, quiero que mi entorno sea un producto de mis acciones. Al ver el entorno de Sydney me doy cuenta que los grupos desconocidos deberían ser o tener mayor calidad de seres humanos que los de mi ciudad. Esta es una conclusión completamente logica y matemática, pero sabemos que las personas somos sicosomas y metafisica pura, que no se puede evaluar por el color, la condición social o el esquema cultural.

Recuerdo cuando Eric me contó acerca de un dibujo que hizo cuando era apenas un crio donde le pedían que dibuje a una persona bajo la lluvia. Él dibujó a una persona sin paraguas, con los brazos extendidos y con la mirada hacia el cielo esperando cada gota en su cuerpo. Creo que me siento un poco así, como un persona con los brazos abiertos esperando que todo el mundo me caiga encima. Creo que los psicólogos deberían aprender que las imagenes que aprendieron de Freud u otro master de su campo no son necesariamente imagenes con conceptos definidos, pues los seres humanos mutamos constantemente, aprendemos con nuestras experiencias y estas nos cambian constantemente. Somos una esponja que absorvemos el mundo como ellas el agua

Tercera semana
Conocí un grupo de noruegos y alemanes. Después de hablar muchas horas con ellos de muchas cosas, entre religiones estrellas y horizontes frente al mar, me doy cuenta de lo parecido de nuestras conclusiones. Pero ellos sienten que el mundo es un lugar seguro donde han venido a ser felices y no a competir o sobrevivir, cosa que me cuesta desligar de la vida... no la felicidad sino la competencia y la supervivencia.

Quinta semana
Los encuentros tienen el mismo numeral que los desencuentros. Uno llega a conocer a alguien pero como un trino de dedos esa semana parte hacia otro lugar. Manly es una isla en movimiento constante, nunca estática, puedes econtrar en un bar personas de todas partes del mundo. Al mismo tiempo es una burbuja, pues Sydney es mucho más grande que su pequeña "isla" mandileña.

Los tiburones han calmado mi estrés. Qué animal para más fascinante. Realmente un Acuario es bastante aburrido, pero un tiburon es un tema aparte, al menos para mí. El animal que me pareció más cercano al demonio fue el stonefish, pez piedra, el más venenoso del planeta. Verlo ya es un veneno, parece un animal engangrenado, en proceso de putrefacción, me llevó a los desamparados del pueblo de San Pablo, quienes sufren de lepra y soledad. El pez yacía en estado de meditación o quizá en estado de abandono, sentado sin mayores pretensiones que causar miedo por su horrible y pavorosa forma... como un personaje de una novela de Kafka, como Grenoulli el perfumista, como un demonio atrapada queriendo salir de las tinieblas, como yo mismo en esta terrible soledad.

Septima semana
Esta semana extraño estar en la casa de Jorge, frente a la piscina escuchando una melodía de Rubén Gonzales y hablando de lo que el tiempo extravía, de lo que podría cambiarse y de lo que no. Extraño sobretodo cuando hablábamos de cómo podríamos cambiar una melodía o la historia de una película o quizá la historia de alguien que pasó por nuestro camino al mismo tiempo y que el tiempo ha hecho que veamos la vida como un juego serio y menos como un juego sin reglas y divertido, como lo sábados en su casa de Caminos del Inca, donde solo éramos unos rockeros malnacidos, eruptando alcohol, bulla y rock. Extraño también estar desayunando con Daniela un domingo cualquiera, esos domingos donde el sábado fue cualquier cosa que no importa, porque ya sabemos que vale la pena siempre el mañana y donde el tiempo solo transcurre y nos olvidamos que tan mala o buena fue una semana. Por supuesto, ese domingo Elvis estará tratando de buscar comida en mi mano. El resto del día se extraña también. Extraño mi balita, junto mi mejor copiloto Eric pensando en que no habría destino errado si los dos quisiéramos andar por el mismo camino. Extraño sentarme junto con toda su familia y desayunar o almorzar disfrutando lo sencillo que puede ser un buen rato. También extraño mis domingos con mi hermano, mi Facu y mi viejo, hablando de nada en su mayoría, dejando que el tiempo pase como cuando vemos el río pasar sin razón alguna, esperando que el agua caliente para un café, para seguir viendo pasar al tiempo. Extraño a la Bolicoloc, en particular a Toto, con quien muchas veces nos reíamos ante el terrible y hermoso aprendizaje de crecer, de creernos más adultos cada día. El reto de cocinar, el reto de tomar más, el reto de conocernos y aceptarnos más. Extraño los modos que pasaba en mi ciudad, la extraña magnitud de lo que viene atrapándome, de lo que viene creciendo dentro de mí como un árbol viejo que celebra una a una sus ramas, sus flores, sus nidos y toda la vida que ha pasado por este tronco. Tronco que no se marchita sino que todo lo contrario, expone su cuerpo ante el sol de forma nueva.

Extraño los bares de mi tierra, esos que huelen diferente. Donde no hay espacio para los perfumes, las restricciones y los respetos. Exraño mi bar El Miunich, el piano destartalado que cada vez suena a más cueva a más abismo y a la mesera que menea el trasero sonriente, a su escuálido baterista de lentes oscuros aunque haya sol o luna, siempre detras de esos lentes. También quiero a mi plaza del centro, iluminada de amarillos, quiero a sus perros nocturnos que son el reflejo del llanto, de los poetas, de los amigos que siempre estan detras de un teléfono esperándote con una botella de ron y con sobras en el refrigerador para el matahambre, un tamal, una salchicha huachana.

Octava semana
Estas páginas más que ser un diario de mis vivencias es un escrito sobre mis pensamientos, sobre lo que se me viene a la cabeza. Por ejemplo ahora mismo recuerdo ese viaje que hice durante el 2004 a Cuzco. Llegue a Sicuani por la madrugada a encontrarme con Mario e hicimos la ruta Túpac Amaru a caballo. Dormí en una cueva improvisada, cubriendome de la lluvia entre barro y plástico. Recuerdo eso por la lluvia de ahora, por los sentimientos que a veces se encuentran y sobre todo recuerdo esa noche, cuando estabamos alrededor de la fogata un grupo de jóvenes de los cuales ya perdí el rastro. Esa noche, toqué melodías como loco, acompañado por un charango, una quena, voces por diferentes lados y una noche imponente frente a un lago. La geografía siempre es testigo de los milagros de los seres humanos, en ella guardamos vivencias y recuerdos, es como un cosecha eterna, como un cofre cerrado a la espera de ser abierto, y siempre que pensemos en esa foto, en esa exacta silueta de la Luna o en ese rayo de estrella estaremos de nuevo en ella.

Saturday, February 16, 2008

Australia

Después de más de 10 días de viaje por fin llegué a la tierra de los canguros.

Primero no he visto ninguno, solo comí un pedazo de uno en parrilla y segundo he comprendido más a latinoamérica, ya que la primera parte la hice en bus, recorriendo todo el sur de mi país (Perú) y después todo el norte de Chile.

Mi conclusión primaria es una réplica al Che Huevara de quien discrepo profundamente con todo su idealismo en uno de sus emotivos speech donde menciona que somos los mismo desde Magallanes hasta la puta que nos parió. Si en algo nos parecemos es en que nos parieron como gusanos. Y no estoy siendo agresivo ni tampoco lo pretendo, pero latinoamérica en sí como barrio no existe, es un devota idea de los no viajeros, de los que no la conocen en sus calles ni en su gente.

Latinoamérica es un horizonte desconocido como mi ciudad: Lima. Cada vez encontrarás algo nuevo, entonces no habrá parecidos ni forma de homogenizarnos. Eso no está mal, no es un pecado sino un milagro. Un milagro de mil pueblos viviendo en esta tierra bendita. Porque cómo es posible que entre tanta mierda que nuestros políticos han hecho podemos ser profundamente compenetrados con nuestras raices, con nuestros sentimientos de hermanos... no de latinos sino barriales y creo que ya fui claro que latinoamérica como barrio no existe y a estas alturas es un aborto sostener esa idea.

Santiago hoy parece que le sacó la revancha a Silvio Rodríguez con su canción Eso no está muerto... no me lo mataron... bla bla bla... Santiago es un apóstol nuevo, un monumento al crecimiento, una ciudad renovada y madura, con gente en progreso. Por otro lado, el norte de Chile mantiene esa necesidad de identificarse con algo, más allá de una absurda perduración de sentimientos militarizados de una Guerra de más de 100 años, Chile pulveriza su norte con la minería. Cuando se acabe esta fuente de ingreso el árido desierto será no solo más árido sino más desierto.

A Buenos Aires solo cambio los Buenos por los Malos y punto final.

Nueva Zelanda tiene vacas, muchas... no como Brasil, sino como Nueva Zelanda. Sus vacas tienen algo así como un DNI, como el RUC, un número de identificación. Ergo, Los animales de esta región tienen más derechos que humanos que otras naciones... tienen un título de derecho por número cosa que en otras no existe.

Australia.
10 días para llegar a ti. No es el paraíso, es un monumento a como deberían evolucionar las naciones. Pero yo, Kike... Latino, barrial, educado en suburbios limeños, debo decir, que prefiero tener mi cuchillo al lado, mi salchipapa marrana, mi anticucho de carretilla, mi combi sudorosa, mi ceviche en plato de plástico, mi chela en la playa a 5 lucas, las putas de cayoma y por supuesto... su pasta de parque.

Australia es una grupo de humanos que aprendieron que la vida es una forma de retener los fluidos. Es una ciudad bella, hermosa, como para pintarla... las paredes, una ciudad que merece admiración por el orden y la limpieza. Tongo debería venir acá y cantar la Pituca en el Opera House of Sidni... como dicen acá Syndey. Acá falta un modem latino que nos enseñe que la vida también es comer como en los Canallas de Santiago, como en el Cuartito de Buenos Aires, como la tía Grimanesa de Lima... puntos estratégicos del sabor y del amor de nuestras manos latinas... ojo no barriales.

Y mi barrio?
Mi barrio es Lima y no lo es al mismo tiempo. Mi mundo está en mi mano y al mismo tiempo empieza a pesar tanto que ya se me rebalsa como moco matutino limeño. Nada me debe cambiar. Vengo de un mundo ajeno al que vivo, un mundo donde vale todo para vivir, donde uno defiende sus sueños como cojudo, como huevón, como decimos en Lima, los defendemos hasta la muerte, pero al primer reto los soltamos como a las responsabilidades. Así somos en Lima... el resto que no entiende vive en una burbuja, el resto debe venir a Siiidni y encontrar la burbuja verdadera.

Tengo 4 días que parecen 4 meses y que mañana sabran a 5 años. Mi encuentro hoy es un desencuentro milagroso.

Tuesday, January 29, 2008

Cigarros, más cigarros y la eterna maldición

Cuando terminé de leer Solo Para Fumadores de Ribeyro pensé que eso de los cigarros solo era algo perteneciente única y exclusivamente a los escritores y poetas. De hecho me consideré un tiempo uno de ellos pero a la larga la vida me hizo entender que no pertenecía ni a uno ni otro pelotón. Digo pelotón porque hay que encarar la vida bien guerreramente para considerarse de uno de los bandos mencionados.

Cuando la primera vez traté de dejarlos, a los cigarros es que me refiero, fracasé por una cuestión de salud. Porque por encima de la salud física está la mental; me dije. Entonces fumé mucho para olvidar todo lo que un muchacho bueno que empieza a corromperse como solo yo lo sé hacer necesitaba para espantar los males del corazón y de la sazón o desazón. Fracasé con mucha honra, con mucha concha y verguenza. Entonces me dediqué a ser un ferviente de los cigarros.

Cuando después del segundo, tercer, cuarto y renegado quinto intento fracasé me di cuenta que esta esclavitud solo era un intento de desprenderme del mundo cuanto antes. Entonces me vino la honda de la salud las verduras y meterme a la boca todo lo verde que no camine en 8 o 12 patas. Me volví un atleta dedicado aunque con un cuerpo más batracio que otra cosa. Pero lector, adivine... fracasé nuevamente.

Deduzco que fracasé porque descubrí que dejé lo que más amaba en la vida y lo dejé sin pena ni gloria. Lo dejé porque quería, decidí un día renunciar no por completo pero sí de una forma mucho peor: Estarás en mí pero nunca te dejaré salir. Así fue como quedé un hombre completamente vacío, triste y resolano. Resolano me refiero cuando el sol te cae y tu piel expuesta le cae la resolana y quedan pequeñas partes más bronceadas que otras y entonces esos pedacitos se sienten en su gloria pasajera y mortífera de ser estrellas únicas unos pocos minutos hasta antes que se ponga la noche. En ese momento quedan en el recuerdo, en el olvido y en alguna parte que nadie más sabrá.

Estoy vacío y lleno de humo, literalmente. El humo está tapeando todo los lugares que dejaste y aunque aún estás de algún modo sé que no estás, sé que me hiciste un hombre libre y esclavo a la vez, un hombre tirano y pacífico, un hombre de la nada, un nothingman con un betterman dentro de una cloaca.

Cuando trate de dejar el cigarro nuevamente trataré de escribir algo menos capcioso y menos resignado. Lo prometo.

Thursday, January 24, 2008

La partida

Existen caminos que muchas veces no se originan con el propósito esperado, simplemente ocurren y uno toma el ticket menos imaginado, el menos ensayado, pero sin perder la motivación ni la fe vamos hacia adelante.

Creo que no importa cuan lejos se marcha uno de lo que le rodea, cuánta distancia deja entre su pasado y su presente. No importa cuánto pretendamos dejar atrás el supuesto futuro por otros supuestos. En este punto lo que más sobran son preguntas y lo que más se recrea son excusas.

Uno no necesita excusas para hacer un viaje, dejarlo todo y largarse empecinado en reaprenderse y reencontrarse. Pongo en manifiesto mi entera disposición a no dejar de prestar la atención debida al viaje, al espacio que empieza ahora, al inacabable suceso que se dibujará en mis zapatos.

En una semana dejaré mi ciudad, estoy evaporado en sudor de miedos, condenado a la duda y envuelto en un pañuelo de lágrimas muy personales.

Humedecido dejo mi ciudad. No me convertiré en piedra ni en polvo, solo partiré.